Nunc Id Vides, Nunc Ne Vides

"La mentira puede dar la vuelta al mundo, antes de que la verdad se ponga las botas"

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La sociedad sin dinero

Posted by jumax9 en 17 noviembre, 2010

Juan Feliz despertó, como cada mañana, sin necesidad de usar el despertador. La energía era un bien escaso y él sabía que era su deber cuidarla, no malgastarla.

De camino a su lugar de trabajo habitual paró en la Cafetería Utopía:

• Lo de siempre.
• No nos queda pan. Pero tenemos dulces, frutas y galletas.

Aunque tenía ganas de probarlo todo prefirió quedarse solo con una fruta, una manzana si queremos concretar. No tenía sentido abusar. Otros que viniesen detrás se podían quedar sin su desayuno favorito y él no podía permitirlo, ¿qué derecho tenía él, simple albañil?.

Al llegar a la obra el arquitecto estaba esperándolo y le obsequió con la bolsa de comida habitual (un lujoso bocadillo del mejor jamón y un zumo de naranja recién exprimido por el ingeniero civil allí presente), como al resto de trabajadores. Había llegado minutos tarde, pero no importaba, tenían días de ventajas respecto al plan inicial. Junto a él llegaron los camiones de ladrillos, conducidos durante horas por la felicidad de los camioneros que montaban en cabina. Horas viendo el paisaje pasar, sintiendo la carretera en las vibraciones de las ruedas, al llegar a la obra su sonrisa rivalizaba con la poderosa luz del sol.

Tras una cómoda mañana de trabajo. Juan Feliz sudaba y olía a calcetín usado (usado, pero cuidado, pues él cuidaba su ropa y no tenía nunca más de la necesaria) así que prefirió tomar el Happybus que lo llevaría de vuelta a su barrio en lugar de volver andando. Antes de llegar a su casa se pasó, como cada mañana, por El Mercado, donde cogió exactamente las kilocalorías que ese día iban a consumir él y los suyos. Nunca llevaba comida de más para no hacer un esfuerzo extra, solo los sábados, días en los que tenía que comprar también la comida del Domingo.

Así, con la comida en la mano y la satisfacción de haber hecho un buen trabajo, llegó a su casa. En ella le esperaba su encantadora mujer (que, como siempre, llegaba media hora antes que él del trabajo y hacía algunas de las tareas domésticas mientras él cocinaba). Poco después llegaron, como cada día, los niños, el mayor siempre va directamente a casa, el menor sin embargo todavía tiene mucho que aprender, a veces llega a casa con montones de chucherías que no se va a comer (¿y entonces para qué las compras? le preguntará su padre). Una vez incluso llegó a casa con una motocicleta, ¡pero si todavía no puede conducirlas! Todas estas cosas acababan en el Almacén Sin Fondo por si en el futuro hacían falta. No había necesidad de devolver todos esos objetos, había de sobra en las tiendas.

En la televisión aparecían los primeros minutos del telediario: “la última guerra había acabado” se oía. Por fin, pensaba Juan Feliz, esos países que luchaban por los papeles verdes debían haber visto que su contienda era inútil desde hace años. Ahora podrían vivir una vida plena y llena, sin pobreza, sin contaminación, sin dinero, sin…

Sonó la alarma, despertó. Marcho hacia su trabajo en un viejo seiscientos y casi atropella a un pobre mendigo al llegar. Daban caramelos cerca de la entrada, cogió un puñado y se los metió en el bolsillo quizá le hicieran falta por si le entraba hambre a media mañana. Juan Triste comenzó otra dura jornada de trabajo.

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