Nunc Id Vides, Nunc Ne Vides

"La mentira puede dar la vuelta al mundo, antes de que la verdad se ponga las botas"

¡Y ahora, los cuartos!

Posted by jumax9 en 31 diciembre, 2013

— ¡Y ahora, los cuartos!

El televisor empezó a relatar la misma cantinela que, una y otra vez, había hecho escuchar a generaciones enteras. Cada treinta y uno de diciembre, sin faltar nunca a su cita anual. ¿Cómo era posible que nadie lo hubiese pensado antes? ¡Era demasiado obvio!

Una poderosa lente le permitía ver claramente la Puerta del Sol, a casi un kilómetro de distancia, y sin necesidad de usar sus gafas. El punto perfecto para dominar Madrid. Miles de personas estaban allí reunidas, celebrando que un minuto en concreto, de los más de quinientos mil que tiene el año*, era diferente a todos los demás. Miles de personas ilusionadas porque empezaba una nueva colección de segundos, días, semanas y meses, exactamente igual a la anterior.

Pero hoy sería diferente. Hoy, por fin, tendrían un motivo para diferenciar esa última campanada. Esa campanada que conmemora que, en esta franja horaria en particular, se está despidiendo un año y dando la bienvenida a otro nuevo. En el fondo se lo tendrían que agradecer. Los que quedasen.

Por la televisión habían empezado ya a sonar por fin las doce campanadas. El presentador, enfundado en una capa vampírica intentaba tragar uvas al son de las campanas sin atrangantarse, solidario con el resto del país.

Acarició el gatillo.

Suspiró.

Con la mano que le quedaba libre se acarició su enorme melena rubia antes de afianzar de nuevo el arma.

Ya no se podía echar atrás. Un simple movimiento. Un dedo flexionado. Un acto sin importancia ninguna que sería el pistoletazo de salida de algo mucho más grande: cuarenta millones de almas con su atención fijada en único punto. Algo extremadamente sencillo, si se escogía el momento adecuado.

El sonido de un disparo se escuchó entre sus manos. Los gritos empezaron a llegar a través del televisor.

Había acertado de lleno.

El presentador, apuesto galán, yacía en el suelo. De su capa brotaba una mancha carmesí que amenazaba con cubrir el plató por completo si no se hacía algo pronto. Y se hizo. La emisión se cortó. Ahora solo quedaba esperar.

Empezó a recoger su instrumental con cierta tranquilidad, todavía pasarían algunas horas hasta que se organizaran y fuesen capaces de llegar hasta aquel ático. Y cuando lo hiciesen no encontrarían a nadie. Y a nada.

Toda España estaría ahora mismo mirando hacia Sol. ¡Qué ironía! ¡En mitad de la noche! ¡Y lo que no sabían es que tampoco habría sol la mañana siguiente!

Guardó las piezas del rifle en la maleta con la que había entrado en la casa y cerró la puerta con llave tras de sí.

Su trabajo había terminado. Ahora era el turno de otros. Los verdaderos directores de la orquesta que ella acababa de presentar.

——————————————-
¿Y quienes son esos verdaderos directores? ¡Chan, chan!

Lo dejo a la imaginación. Pensé en hacerlo más místico, a lo “40 millones de almas fijadas en un punto, Cthulhu, Azazoth, ¡despertad!” (lo reconozco, era mi idea inicial, por eso lo de que la mayoría no verían la luz del día siguiente). Pero se le puede dar un toque más español “todo el mundo despistado, venga, golpe de estado”.

O publicidad viral de un nuevo dentífrico. ¡Lo que prefiráis! Me gustó cómo se quedaba así cortado, pero aquí tenéis un trocito que iba algunos párrafos después de ese final:

—–
— El disparo se produjo desde aquí.

El acompañante del inspector se agachó para medir el hueco que había quedado entre el polvoriento suelo del ático. Casi un metro ochenta de asesino, más lo que el rifle pudiese medir. Efectivamente, desde la ventana se podía ver a lo lejos la Puerta del Sol.

— Un disparo certero. Limpio…

Sonó un teléfono.

— Inspector Ramírez. Es para usted. Malas noticias…

La cara de Juan José Ramírez, treinta años de servicio, nunca había conocido un cambio de color tan súbito y repentino. El blanco sucio de la pared, manchado por la humedad y el polvo de los años empezó a vibrar, envidioso de la pálida fez del inspector.

—–

* 525600 si el año no es bisiesto, añadid 1440 minutos en caso de que lo sea.

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Una respuesta to “¡Y ahora, los cuartos!”

  1. […] cierto, ¿recordáis aquel relato de nochevieja? Esto ocurre menos de un cuarto de hora más tarde² […]

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